Sin duda el coronavirus está dejando huella en nuestras vidas de múltiples formas. Siendo optimistas, podemos intentar extraer conclusiones positivas porque nos ha permitido reflexionar y ser más conscientes de lo que tenemos, de lo que es importante de verdad, una vez comprobado lo frágil que es todo.

Pero por otra parte, y dejando de lado la propia Covid-19 como grave enfermedad, el confinamiento ha castigado nuestra calidad de vida y salud debido al exceso de comida y sedentarismo, regalándonos unos kilitos de más.

Se están publicando recientemente diversos estudios que relacionan la obesidad con la incidencia de mortalidad por coronavirus. Dicho siempre con las reservas propias de algo que es nuevo para la ciencia, pero puede deberse a que en las fases avanzadas de la enfermedad (pacientes ingresados en UCI) se identifica inflamación generalizada por todo el cuerpo que afecta a todos los órganos. La obesidad, que ya implicaría ciertas disfunciones similares a una inflamación, se vería agravada con la clínica de la infección por Coronavirus y desarrollo de la Covid-19.

Se puede decir que la obesidad es un envejecimiento prematuro en el que el sistema inmunitario responde ante agresiones antigénicas con mayor dificultad, por lo que hay una mayor probabilidad de infección.

Se considera también como motivo agravante que el espacio ocupado por el exceso de grasa abdominal ofrece cierta resistencia al movimiento de expansión de la caja torácica, obligando a la musculatura respiratoria a un mayor esfuerzo para funcionar, especialmente si el paciente está en posición tumbada.

Y no sólo la COVID 19 evoluciona negativamente en relación a la obesidad. Son muchas las enfermedades que se ven afectadas por un exceso de grasa corporal, siendo las más importantes y las que más mortalidad causan las enfermedades cardiovasculares, auténtica pandemia en los países desarrollados o del llamado primer mundo.

Y en este contexto de Obesidad y deterioro general de la salud, y con carácter estacional (otoño e invierno), citaríamos también la gripe que en 2018 se llevó la vida de 1852 personas.

En algunos estudios ya se está empezando a situar la Obesidad como el segundo factor más importante en el desarrollo de la infección por coronavirus, por detrás de la edad del paciente, que se valora como el primer factor, y por delante de antecedentes de enfermedades respiratorias.

En esta conclusión, debemos considerar siempre que la Obesidad va estrechamente ligada a otras patologías como Diabetes Melllitus, Hipertensión Arterial o Apnea del sueño, por ejemplo, lo que dificulta precisar si el factor de riesgo primario es la propia Obesidad o cualquiera de las patologías que se suelen asociar a ella.

Esta pandemia debe motivarnos para empezar a cuidar nuestra alimentación e intentar mantener un peso corporal y porcentaje de grasa corporal saludable.

Está lejos de ser un problema estético. Es un verdadero problema de salud pública y debemos grabarnos esto en la mente a fuego.

Piénsalo, y si crees que podemos ayudarte a mejorar tu alimentación, en Clínicas Aleria tenemos experiencia y estamos preparados para ello.

 


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